En preimpresión, antes de que los ordenadores entraran en el diseño, un arte final era el material ya completamente preparado para su paso a fotolitos mediante las técnicas de reproducción adecuadas a cada proceso. Los artes finales llevaban añadidas, en mensajes cortos, todas las instrucciones necesarias para que los talleres de fotocomposición pudieran preparar esos fotolitos de color.
En la actualidad se puede decir que un arte final es el material digital que ya está preparado para su envío a la imprenta sin que haga falta ningún retoque o intervención más (la imposición de las formas se entiende ya fuera del arte final).
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