Ocre
Variantes del color marrón de tono mas bien claras y amarillentas o anaranjadas. Tradicionalmente los pigmentos de tonos ocres se fabricaban moliendo minerales con óxidos no férricos. El color siena tostado es una variante de ocre.
Este es un glosario de artes gráficas y materias relacionadas con ellas (óptica, periodismo, tipografía, etc.). Además de un listado alfabético y de un formulario de búsqueda, se incluye un índice temático por áreas grupos de interés (PDF, Óptica, Tipografía, Preimpresión, etc.). En la medida de lo posible, se indica el equivalente en inglés, francés, italiano, alemán, catalán y portugués del término descrito en español. De momento contiene 1093 vocablos.
Gustavo Sánchez Muñoz (Gusgsm), 2026
Variantes del color marrón de tono mas bien claras y amarillentas o anaranjadas. Tradicionalmente los pigmentos de tonos ocres se fabricaban moliendo minerales con óxidos no férricos. El color siena tostado es una variante de ocre.
En el sistema tradicional e impreciso de describir los colores mediante palabras ('rojo carruaje, verde botella…') el verde oliva es un tono de verdoso amarillento de brillo intermedio. El nombre se deriva de que es el tono de muchas aceitunas y que recuerda al aceite de oliva sin refinar. Además, es un color muy tradicional en los uniformes militares de campaña.
En imprenta, los tonos oliva se consiguen mezclando simplemente mucho amarillo con proporciones menores de cian y negro. A veces se puede encontrar estos tonos con el nombre de "Verde guisante" o simplemente "Puré de guisantes". Informalmente también existe el galicismo "caca de oca" para los tonos más claros.
En programas de diseño, cualquier definición de los valores de un color con nombre propio. Cada muestra define numéricamente unos valores de color relacionándolos con un modelo de color genérico, usualmente RGB, CMYK, Lab, HSB o similares.
En origen, el propósito de definir y usar muestras es simplificar y unificar las definiciones e intercambio de colores, dentro de un mismo documento, entre documentos, entre programas y entre usuarios y sectores industriales. Trabajar en diseño gráfico sin usar muestras es generalmente muy mala idea.
La idea se basa en los catálogos de pinturas y tintas, existentes en distintos sectores mucho antes de la aparición de los ordenadores, incluso en la catalogación de colores y cómo conseguirlos que algunos autores hicieron antes del desarrollo de la impresión en colores.
Por eso las muestras utilizadas pertenecen muchas veces a catálogos internacionales de color como los de Pantone, RAL, Toyo o similares. Eso no impide que cualquier usuario puede crear su propia paleta de muestras, lo que es muy corriente.
Sin embargo, sólo aquellas muestras definidas basándose en un espacio de color independiente de los dispositivos (como CIELAB con iluminante D50, que es el modelo de Lab que usan por ejemplo los programas de Adobe) o las que se basan en el uso de algún perfil de color estandarizado conocido (como sRGB) permiten comunicar de forma inequivoca los datos de color.
Corregir eso en lo posible fue, por ejemplo, una de las razones por las hace unos años Pantone cambió las definiciones de muchos de sus colores directos por valores Lab (una acción correcta que causó grandes quebraderos de cabeza a muchas personas).
Por eso, y en ausencia de cualquier modo coherente de administración del color, la forma tradicional de finales del siglo XX de definir los valores numéricos de las muestras indicando simplemente que eran CMYK o RGB (¡o escogiéndolos de una Pantonera de colores directos para imprimir en cuatricromía en papel prensa!) no tenía mayor virtud que la de facilitar el trabajo de los usuarios a costa de una imprecisión total en la comunicación del color.
Al trabajar así, las cifras y siglas no significan otra cosa que cantidades específicas de colorantes desconocidos cuyo carácter numérico aparenta una precisión descriptiva de la que carecen.
Las muestras de muchos programas de diseño no sólo incluyen colores lisos, sino degradados o motivos.
En la terminología de algunas empresas de informática, conjunto de programas relacionados: Adobe Suite, por ejemplo, es el conjunto de programas de Adobe relacionados con el diseño gráfico.
En artes gráficas, la prueba de impresión que se hace de todo el pliego, una vez montado completo ya para su imposición. El ferro representa en forma de cuadernillo cómo debe quedar la sucesión de páginas de la publicación antes de grabar las planchas.
El fin de un ferro es una comprobación final del producto impreso para cotejar que todas las páginas están en el orden y posición adecuados; por ejemplo, que después de la página 3 va la 4 y no la 15, o que la 23 no está bocabajo.
En un ferro se debe comprobar que los pases de texto de una página a otra son correctos; es decir, que no se ha perdido ninguna línea o párrafo, o que las páginas no se han cambiado de orden. También se comprueba que los titulares y textos aislados (pies de foto y sumarios) son correctos y que no falta ninguna imagen o que alguna esté deformada.
Los ferros no sirven (o no se deben usar) para hacer correcciones de diseño "porque no ha quedado bien" ni hacer apreciaciones de color.
En la actualidad hay programas que hacen ferros digitales y permiten mucha flexibilidad y rapidez en la comprobación.
Su nombre "ferro" se debe a que en la época pre digital se hacían poniendo el astralón con la imposición de un pliego ya montada en una insoladora y exponiendo unas grandes hojas de papeles especiales en el que las imágenes y textos salían reproducidos en diferentes tonos de azul o marrón (debido a que ese papel era fotosensible ante la luz ultravioleta).
Una vez expuesto por ambos lados, el ferro se dobla y corta para que el cuadernillo se vieran montado tal y como debía salir impreso. Por eso la corrección de los ferros se ha hecho siempre por pliegos.
Es una prueba comparativamente barata para la seguridad que proporciona, especialmente en publicaciones como revistas.